Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de diciembre de 2014

Sueños Rotos

Se levantó de su fría cama. Ni siquiera el gélido aire que entraba por la ventana le hizo darse cuenta que seguía desnudo.

Le hizo falta un segundo para comprenderlo todo. Miró su lado de la cama, vacía. 

En medio de la oscuridad, con premeditación, salió de su casa, dejándola vacía para siempre.

Ni una nota, ni un adiós, ninguna despedida. Solo el silencio que todo lo envuelve.

Se marchó para no volver jamás.


Fin

viernes, 24 de octubre de 2014

Microcuentos

Me encanta leer. Y me apasiona a donde un libro es capaz de transportarme. También me gusta escribir. No es algo que hago habitualmente, porque siempre se me ocurre qué escribir cuando estoy acostada por la noche, antes de dormir. Siempre digo: mañana por la mañana lo apunto en la libreta, pero a la mañana siguiente, ni rastro de lo que había pensado la noche anterior... Aun así, de algunos microcuentos (esos cuentos de no más de 20 lineas (a mi los que me gustan son de no más de 3) que te dicen tanto en tan poco) logro acordarme, y los voy apuntando.

Así que hoy, acompañándolos de alguna foto de la página Unsplash (banco de imágenes bonitas de uso libre), comparto con vosotras alguno de estos microrelatos. Espero que os gusten.


"Corrió hasta la extenuación. Solo cuando paró comprendió que los problemas seguían ahí esperándole"




"Nada le hizo sospechar que aquel lugar marcaría su destino"


"Y el tintineo que provocaron los añicos del delicado frasco de cristal al rozar el suelo, compuso la banda sonora de aquel trágico suceso"


"Ni siquiera su mejor vestido, pudo ocultar la tristeza que su mirada perdida reflejaba"

Un besote.

lunes, 27 de febrero de 2012

El dragón de agua

Os voy a dejar un cuento que encontré en la red, desconozco si es anónimo o tiene autor... si tiene autor y no le nombre, mil y una disculpas, he tratado de averiguar de quien era... pero solo averigüe que lo utilizan en los coles de Cataluña cuando van de visita al parque Güell con los peques.

Espero que os guste.

Hace muchos años, cuando vuestros abuelos eran igual de pequeños que vosotros, en un pueblo muy pequeño que había en la cima de una montaña muy bonita, vivían dos hermanos que se querían mucho. La niña se llamaba María y el niño Juan. Y estos dos hermanos iban cada día a la escuela muy contentos porque les gustaba dibujar y jugar con sus amigos.

Muchos días, cuando salían de clase iban a un bosque que había cerca de su casa a buscar setas, caracoles, manzanas, flores, y muchas cosas más. Cuando llegaba el verano se bañaban en el lago que había en el bosque y se lo pasaban muy bien con sus amiguitos.
Sus papas los querían mucho y muchas veces la mama les hacia pasteles para merendar. Humm, que bueno, que está este pastel, mamá! Decían María y Juan cuando se lo comían.
Un día la madre les dijo: Queridos niños, hoy, cuando salgáis del colegio pasad por el bosque y coged unas manzanas muy rojas que os haré un pastel muy bueno, para que mañana os lo llevéis al colegio para almorzar.

Y nuestros amigos así lo hicieron. Cuando acabaron el cole se despidieron de la señorita, que era muy buena y los quería mucho, y se marcharon hacia el bosque a buscar manzanas. Cuando llegaron Juan le dijo a su hermana: -María, mientras tu vas cogiendo manzanas, yo cogeré unas piedrecillas, y así cuando volvamos a casa y pasemos por el lago, las lanzamos al agua y nos divertimos un ratito.

Y así lo hicieron, mientras María llenaba la cestita de manzanas, Juan buscaba piedras bonitas. Pero de pronto, Juan encontró una cosa de muchos colores y la cogió extrañado. Se la enseñó a su hermana y creyeron que era una piedra que alguien había pintado. Después de pensarlo un ratito, decidieron que también la tirarían al agua.

Cuando llegaron al lago y lanzaron la piedra de colores al agua, comenzaron a salir muchas burbujas de muchos colores . Tantos colores como tiene el arco iris.

Oh! ¿Qué estaba pasando? Los dos hermanos se asustaron mucho cuando vieron que la piedra se estaba abriendo y de ella salia la cabeza de un pequeño dragón de colores. Y es que resulta que lo que encontraron no era una piedra, era un huevo de un dragón de agua, que es de muchos colores. Y como los dragones de agua nacen en el agua, que para eso se llaman de agua, pues cuando Juan lanzó el huevo y este se mojó, se abrió y nació un dragón de agua.

Pero no os asustéis, estos dragones son buenos. ¿Sabéis que pasó?. Pues que cuando el dragón salió del huevo , se hizo amigo de los niños, y se lo llevaron a su casa y desde entonces fue la mascota de su familia. Y todos vivieron muy contestos y su mamá les explicó muchos cuentos. Y el pastel de manzana muy bueno salió, y todo el mundo se lo comió.




Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

viernes, 24 de febrero de 2012

El cazador de Estrellas

 Bueno, pues se acerca el fin de semana, y quiero compartir con vosotros un bonito cuento que me encontré por la red, me pareció tan bonito, que no puedo dejar de compartirlo con todos vosotros.

Solo sé que su autora se llama Natalia Montero y es de Madrid. Si esta chica, no se dedica a esto profesionalmente, no será porque no tenga talento, porque este cuento lo derrocha por todas partes. Espero que os guste y emocione tanto como a mi.


Alguien me contó una linda historia acerca de las estrellas, sí, esas lucecillas traviesas que adornan el cielo con un mágico manto de luz. No se sabe de nadie que lograra contarlas todas; muchos lo intentaron, unos se durmieron, otros tras perder la cuenta una y otra vez, desistieron y otros se quedaban parados mirando lo bonitas que son y simplemente olvidaban lo de la cuenta.
 
Pues bien, me contaron que hace mucho tiempo hubo una persona llamada Job, que vivía en un pueblecito muy chiquitín pero con una playa preciosa. Y tanto le gustaban las estrellas que se pasaba las noches tirado en la arena de la playa mirando y mirando nada más.

Una de esas noches en la que el cielo estaba especialmente bello, vio como una familia se sentaba no muy lejos de él a admirar también aquel lindo espectáculo. Pero a Job no le gustó nada. 

Desde aquella noche, no dejó de pensar en aquello. Quería las estrellas sólo para él, no soportaba la idea de tener que compartirlas con nadie, entonces Job se sentó en una silla y se puso a pensar una solución. Estuvo allí sentado mucho, mucho tiempo, le creció la barba y seguía allí sentado. Comenzó a llover, entonces miró al cielo, se levantó de la silla y empezó a caminar por las calles del pueblo, la lluvia iba parando y al cruzar una calle se quedó mirando una alcantarilla que tragaba el agua que corría por las calles, entonces sonrió maliciosamente y corrió a su casa.

Rebuscó por aquí y por allá, cogió una olla grande, un embudo, cuerda y hasta un fuelle, lo metió todo en una carretilla y se encerró en el garaje. Allí serró, cortó, atornillo, golpeó, volvió a cortar y así hasta que por fin dio por terminado su extraño invento.
Se trataba de un extraño artefacto, muy feo y difícil de describir, pero del que Job parecía bastante satisfecho. Así cargó el “aparatejo” en la carretilla y una vieja escalera y silbando recorrió el camino hacia la playa.

Una vez allí se sentó ceremonioso en la arena. Mientras se había hecho de noche y las estrellas ya brillaban allí arriba. Ni corto ni perezoso, bajó su invento y preparó la escalera, encendió una linterna y sin pensárselo un momento se subió en todo lo alto cargado con su máquina. Hizo girar una manivela y aquella cosa empezó a silbar la misma canción que cantaba Job camino de la playa. Job dirigió el embudo de la máquina hacia el cielo y como por arte de magia, todas las estrellas del cielo se metieron dentro. 

Aquello no parecía pesar mucho porque Job metió sin problemas la máquina cargada de estrellas dentro de la carretilla, que se removían dentro pero no podían salir.
Job llevó su tesoro a toda prisa al garaje de su casa y fue metiendo las estrellas a puñaditos en unos tubos de cartón que cerraba con un corcho, así pasó toda la noche hasta que hubo terminado su tarea.

Luego se fue a dormir cansado pero orgulloso, nadie más que él vería las estrellas o al menos eso se creía él. Se metió en la cama y se durmió, como estaba tan cansado, durmió toda la noche y todo el día, volvió a hacerse de noche y un estruendo tremendo despertó a Job de su sueño. Salió de casa corriendo y se quedó allí parado con la boca abierta de par en par.

Y es que el espectáculo no era para menos, la puerta del garaje de Job estaba más abierta que la boca de éste y por ella salían disparadas hacia el cielo un montón de estrellas, todos aquellos tubos de cartón llenos de estrellas bailaban por el suelo hasta que el corcho que los tapaba salía disparado por los aires hacia el cielo haciendo un ruido tremendo e iban todas explotando en colores, unas verdes, otras rojas, azules y hasta moradas.
Todo el pueblo, en pijama, se encontraba en la casa de Job mirando aquel increíble espectáculo y aplaudían maravillados a cada explosión de color, cuando todas las estrellas consiguieron llegar de nuevo al cielo, brillaron aún más bellas que nunca. Pero Job no se rindió y siguió intentándolo una y otra vez, incluso ahora seguirá intentándolo, pero las estrellas siempre acaban escapando. Creo que vosotros lo llamáis: Fuegos artificiales.

Cuento de Natalia Montero (Madrid)

Buen fin de semana!